miércoles, 30 de mayo de 2018

Tocino


El tocino, alimento tradicionalmente considerado como  de aquellos que consumían las partes del animal que despreciaban los que cataban los mejores bocados, está siendo hoy rehabilitado como un plato digno de quien se puede permitir mejores cortes.
Aunque, todo hay que decirlo, los torreznos siempre tuvieron su público en toda la escala social  y había quien se infiltraba disimuladamente en tascas o figones  para regalarse con  unos bocados de tocino frito.

Para hablar de esta receta tengo que remontarme a los tiempos  de los pucheros, aquellos  en  los que los hombres, cuando no podían cumplir con sus quehaceres, andaban estorbando y  molestando en la cocina.

Me dijo mi padre: - ¿quieres probar tocino encallao?
-¿Qué es eso?
-Ya verás…
-Bueno, -dije yo.
Cortó un trozo y lo metió en el puchero donde se cocían los garbanzos. Al rato lo sacó.
-Así  lo comíamos en el monte, - dijo.

El resultado es, sin duda, más que interesante.
Yo he rememorado la experiencia con mis hijos con éxito.
Consigue un buen tocino, mejor  de cerdo ibérico. No es necesario que sea panceta. Que no esté excesivamente salado, (la mayoría lo están).
Corta unas lonchas de menos  de un centímetro de gruesas y las pones en un poco de agua que ya habrá empezado a hervir. Habrás añadido al agua  ajo molido,  orégano y pimienta para intentar simular  el caldo del cocido, y mantenlo hirviendo entre tres y cinco minutos.
Disfrútalo entre pan y pan y un poco de pimentón por encima.
 La bota a mano.
Si te gustan los torreznos  de vez en cuando, un detalle a tener en cuenta: evitarás ese pérfido tufillo delator en la cocina.

domingo, 29 de abril de 2018

Macarrones


Últimamente ha hecho fortuna la expresión comida viejuna para referirse a platos olvidados que en su día fueron apreciados como manjares de días u ocasiones señalados.
La ensaladilla bien acicalada, los huevos rellenos, el arroz con pollo,  el pollo con tomate o la banderilla de huevo duro con atún, no son comidas pertenecientes o relativas a los viejos, que es lo que significaría ese artefacto expresivo tan feo. Más bien podríamos calificar estas recetas de  castizas. Pero en torno al casticismo  no vamos a insistir, no sea que el espíritu de  D. Miguel,  que ya lo trató in extenso,  se enfade, se levante y se marche advirtiéndonos de que no le convenceremos.
Un plato en retroceso son los macarrones, tan celebrados en otro tiempo en los menús de colegios y guarderías  y tan socorridos para las atareadas y felices  amas de casa de aquella sociedad de los años del desarrollismo ya superada.
Considero injusto el abandono de este plato que, como todos los grandes, tiene su reminiscencia literaria;  en "El Gatopardo"  Giuseppe Tomasi di Lampedusa así los evocaba: 
"El aspecto de aquellos pasteles   bastaba para suscitar estremecimientos de admiración. El oro bruñido de la costra, la fragancia de azúcar y canela que de ella emanaba, sólo eran el preludio de la sensación de delicia que surgía del interior cuando el cuchillo hendía la superficie: primero brotaba un vapor cargado de aromas, luego se divisaban los higadillos de pollo, los huevecillos duros, los trocitos de jamón, de pollo y de trufa mezclados en una masa untuosa, muy caliente, de diminutos macarrones a los que el extracto de carne añadía un precioso color gamuza."
Inspirándonos en la receta del celebrado timbal de macarrones siciliano estamos intentando poner en su sitio a esta variedad de pasta como plato importante para una ocasión señalada.
Evitemos el chorizo, busquemos menudos de pollo o conejo, jamón, carne,  huevo cocido y, por supuesto, hagamos una buena salsa de tomate natural bien maduro, añadamos especias sin miedo  y al horno con queso para obtener una buena costra.
Del resultado ya me contarás.
Tal vez intentemos, más adelante, el timbal.

sábado, 24 de marzo de 2018

Cocina instintiva

Cuando llegas tarde a comer a casa un día frío de invierno esperando encontrar tu plato servido y caliente y lo que te encuentras es a tu mujer que sale por la puerta y te dice: “¡Sorpresa! El peluquero me la ha liado y no hay comida, voy a comprar pan, ahora vengo”, es una de las ocasiones en las que el damnificado  tiene que recurrir a ese tipo de talento que podríamos llamar “cocina instintiva”.
Las emociones o repentes que pueden desencadenar infortunios como este no son de poco interés; tampoco el controvertido asunto de las mujeres consentidas  o de  los hombres iracundos, pero estos no son asuntos de este blog.
Hablamos de casos en los que el tiempo que tarda en hacerse un arroz blanco es un lapso excesivo y requieren una solución rápida que aplaque la tensión y salve el bajío.
En estos momentos, los huevos son el recurso más eficaz. Unos huevos revueltos son una salida rápida, caliente y sabrosa. Si dispones de un poco de jamón,  mejor que mejor y si no te conformas con cualquier cosa y eres un poco previsor, con unos dientes de ajo, unos tacos de bacalao congelado y un poco de pimiento puedes homenajearte con un revuelto de bacalao.
Para primero, (¿por qué vamos a renunciar?),  unos guisantes con jamón, no están mal y si el tiempo esta frío, unas sopas de ajo.
Dos tragos de la bota y a circular.


Nota del autor: queda pendiente la revisión y los arreglos oportunos de género del presente artículo. El autor autoriza a quien lo quiera a llevar a cabo la tarea y que se coma el resultado, si puede.


viernes, 23 de febrero de 2018

Escarola


Dicen que los detalles nos dan la felicidad; quien afirme esto ignora, o tal vez olvida, que las finuras y las delicadezas solo saben apreciarlas quienes tienes sus necesidades satisfechas en la medida que exige su dignidad e ignoran que muchas personas serían dichosas con atender sus necesidades más básicas.
Hay a quienes es difícil satisfacer en lo que su dignidad demanda atendiendo a su autoestima: con ellos no perdamos el tiempo intentando engatusarles con detalles.  Es también muy frecuente, entre quienes tienen sus necesidades colmadas, la incapacidad de sentir el goce fugaz de un detalle oportuno y certero. Estos,  pobres hartos, a cuenta del exceso, han perdido el gusto, el olfato y el  instinto y para ellos todos los mirlos son negros y todos los pretendientes son cazadotes.
En la cocina, si quieres tener un detalle, asegúrate de que has cubierto los mínimos y de que los comensales lo van a notar. El buen gusto y la educación obliga a aquellos a detectar el gesto  y a  reconocerlo y la  buena crianza a no ponderarlo en exceso.
Os ofrezco dos detalles para una ensalada de invierno. La escarola es propia de este tiempo y sobre todo a partir de la Navidad pues se va enterneciendo conforme  el invierno avanza  y  nos proporciona buenos platos de ensalada con ese toque amargo tan del gusto de los amantes de la comida pausada, sana y ligera.
Además de un buen aceite de oliva virgen, añade un vinagre de manzana en el que habrás puesto a macerar unos dientes de ajo rotos. No vale para cualquier tipo de ensalada pero para esta va muy bien este ligero sabor a ajo crudo sin otras consecuencias.
Otro adorno que va muy bien con la escarola son los picatostes. Se pueden  hacer con cualquier tipo de pan o con esos coscurros que van quedando en la cesta. No es necesario freírlos según la receta tradicional; se cortan en tacos, se ponen en una sartén, viertes un chorro de aceite por encima y con una tapa de rejilla,  a fuego muy lento,  se van tostando y de vez en cuando se revuelven para que se hagan por igual. Si se guardan bien se mantienen varios días crujientes y se pueden añadir a otros platos.

martes, 30 de enero de 2018

Patatas a la riojana

Las patatas con chorizo o patatas a la riojana, es un plato de los básicos en cualquier recetario y a pesar de su aparente sencillez, tiene unos cuantos detalles que se deben tener en cuenta para conseguir un guiso digno del comensal más exigente.
No voy a escribir una receta porque ya hay muchas en la red. Lo que haré  es dar unos consejos para evitar errores  y para conseguir un buen plato caldoso con un sabor excelente que es donde reside, para mí, la gracia de este estofado, más allá de la redundante apelación a la calidad de los ingredientes. La calidad de los  productos  depende del tendero, el cocinero debe evitar  marrotarlos y tiene que sacarles el máximo sabor y aprovechamiento.
El primer consejo es no rehogar el chorizo. Te cargarás el plato si lo haces. El embutido irá lo último y solamente cocerá, y no demasiado, para que no suelte toda la grasa.
No hagas plato único. Si pones demasiado chorizo saldrá una comida muy grasa e indigesta. La ciencia es que el caldo y la patata estén sabrosos.
Utiliza un chorizo tierno y si está  seco, corta rodajas más finas.
Antes de cocer,  rehoga las patatas y después vas añadiendo el ajo, la cebolla, y el pimiento; si lo pones todo junto se quemará la cebolla antes de que se ponga la patata en condiciones.
A pesar de  las verduras y del sabor del chorizo,  hay que aderezar el guiso. Lo más fácil es el pimentón, pero si tienes tiempo y quieres sacar el máximo al plato, utiliza pimiento choricero deshidratado. En caso de emergencia se admite un poco de colorante alimenticio; hace el plato más bonito y cubre ese vacío de un caldo soso.
Un poco de perejil y cocer a fuego lento. Si las patatas no engordan el caldo, aplastas algún trozo y  mejorarás la presentación.
Un buen vino tinto joven y ¡buen provecho!


domingo, 24 de diciembre de 2017

La ración

Hasta Navidad ni hambre ni frío y después todo seguido; dice un viejo refrán castellano que en tiempos, igual se aplicaba a las aves del cielo que a los hijos de Dios. Estos últimos, gracias al Padre celestial, no hicieron caso de San Mateo y por eso nos permitimos hoy cenar en Nochebuena mejor que el mismísimo rey  Salomón y nos vestimos como los lirios del campo la última noche del año a precio de risa.
Y si no fuera por los acaparadores, los violentos, los corruptos y los demagogos,  nadie tendría de qué quejarse.
Tradicionalmente se empleaban varias formas de conservación de los alimentos y actualmente se siguen utilizando la salazón, el encurtido, el marrasquino, la deshidratación y otros, más con el fin de ofrecer variedad, que de  mantener la comida, pues las formas de preservación son muy avanzadas y están al alcance de casi  cualquiera fruta y pescado frescos del hemisferio opuesto.
Los más jóvenes ignoran que, además de con la conservación,  mediante el trueque se lograba aportar más cantidad de productos frescos a nuestras mesas,  no hace mucho tiempo.
Era frecuente en los pueblos el sacrificio casero de animales para el sustento de las familias. Especialmente celebrada era la matanza del cerdo en los meses de invierno, pues el frío facilitaba las labores de conservación de la abundancia de carne que traía el animal.
Yo conocí lo que se llamaba  el reparto de la ración, mediante el cual, la familia que celebraba la matanza repartía entre los allegados una porción de las partes más perecederas del animal, de morcillas y un poco de carne magra para el consumo inmediato. De esta forma, turnándose unos con otros, se disponía durante más tiempo de carne fresca.
Los niños, como heraldos de aprecio y consideración, éramos los diligentes portadores del hatillo.
-¿Sabéis, mis queridos principiantes, que no hace mucho tiempo no existían las bolsas de plástico ni los tuppers? –
Y no era un trabajo despreciado pues, como recompensa por la carrera, a veces, se recibían unas monedas que eran muy apreciadas  y sabiamente puestas en circulación de inmediato.
Eran especialmente bien recibidos y gratificados los recaderos por quienes, por sus circunstancias, ya no estaban en condiciones de corresponder. Y no creáis que era por el anhelo de lo recibido, sino por comprobar que se seguían acordando de ellos. Eran privilegios históricos los que ostentaban; esos derechos que no se apuntan en títulos ni asientos y que tan fácil se extravían en la mente atareada y  pusilánime de las personas desagradecidas.
Lo mismo se hacía cuando se cocía el pan o cuando había abundancia de fruta o verdura.
Estos tiempos de frío y preludios navideños me traen estos recuerdos. Aquí lo apunto para que no se me olvide.

 Y para que no digáis que ya no hablo de cocina y que no cuento más que batallitas os presento una receta para estas fiestas.
Es sencilla y si te esmeras, se puede presentar bonita.
ENDIVIAS AL HORNO CON QUESO CABRALES
Lavadas, cortadas y bien escurridas horneas las endivias con un poco de  mantequilla durante quince minutos a 180° C, luego esparces por encima queso de Cabrales desmigado u otro queso azul al gusto. Si te parece muy fuerte lo mezclas con trozos de otro queso tierno que funda bien.
Gratinas unos minutos y listo.                                                                            
Se sirve bien caliente y con el queso  borbollando.
Están ricas y es un plato ligero si no añades mucho queso.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Para comer, comida


En una ocasión fuimos invitados a cenar por unos amigos mi mujer y yo. Al entrar en el salón nos sorprendió gratamente la mesa: profusión de lienzos,  porcelana y cubiertos  acomodados con precisión  matemática  como alineados a pie de rey.
Pasada la primera prueba con calificación de eminente y el trámite de guardarropa, pues era una ciudad muy  fría, enfrenté el ágape con buen ánimo;  soy amigo de la calidad más que de la cantidad, por lo que el inicio me resultó prometedor.
El vino no lo recuerdo y el meollo del asunto se resolvió sucintamente: unas croquetas, unos trozos de pizza y desembocamos en el plato fuerte de la noche: unas lonchas de embutido frías como un carambanillo.
La desilusión  de confundir el manjar principal con los entremeses ya la tenía  asumida pero  me agarraba como a tabla de salvación a los cubiertos del postre. La cucharilla  atraía mi ilusionada mirada -¿Cómo no va a haber hecho esta gente algún pastel casero para rematar? - pensaba yo.
Pobre indulgente de mí. Aún era joven y desconocía a Baudelaire:
“Nuestros pecados son testarudos, nuestros arrepentimientos cobardes”.
El momento del colofón se aproximaba  y mi esperanza en un hilo cuando  llegó la hora de la verdad.  La anfitriona se puso en pie,  adoptó gesto serio, un breve carraspeo y nos ofreció la variada e incitante carta del complemento: ¿de postre que queréis: yogur, flan o natillas de chocolate?.
Consumida la cena y la velada con sobria contención, dije a mi esposa: vamos mujer, que esta gente tendrá que descansar.
Y bien abrigados nos fuimos comentando jocosamente el sucedido.

viernes, 27 de octubre de 2017

La olla rápida

En junio de 1931 Julio Camba, desde su retiro en el planeta New York,  lejos del calor y las moscas de su planeta España, con bastante guasa y un toque de magnificencia  escribió para el ABC sobre el analfabetismo:
“… pero mi ideal con respecto a España es este: mientras no se descubra un procedimiento para que sean los analfabetos quienes escriban, que el arte de leer se convierta en una profesión y que solo puedan ejercerlo algunos hombres debidamente autorizados al efecto por el Estado.”
Este artículo, si obvias veladamente la ironía que lo sustenta y enfatizas el clasismo que destila, resulta un comburente potente para autoproclamados progresistas de arcada presta y les provoca un mórbido deleite.
El caso es que después de ochenta años de los albores republicanos, por fin, San Juan bajó el dedo y la rana crió pelos.  Hoy, gracias a internet y a los móviles, los más brutos lucen ignorancia e indolencia en los foros y los menos recatados hacen  los más pomposos y disparatados análisis politicos  fundamentados en sus prejuicios más acendrados.  Hay hasta quien perpetra literatura tardodecadentista con cualquier pretexto.
Total que, mientras el escritor gallego se regocijaba con su sarcasmo impúdico, en España se seguía calentando el potaje y al segundo hervor reventó la olla. 
La olla es el sustento y es un símbolo para el humilde trabajador y es su verdadera patria junto con su familia. Luego, cuando el proletario sacia el hambre y descubre que posee cualidades  exclusivas o simplemente agarra miedo  al fantasma de la soledad y el  desamparo,  espectro que nos acompaña a todos desde la cuna hasta la huesa, el nuevo pequeñoburgués va tomando  devoción a otras  patrias y va endureciendo su corazón. 
Pues, cuando la olla revienta siempre es un mal negocio y sobre todo para aquel pobre trabajador, que es la parte más débil de la cuerda, y frustra la ilusión de los que pensaban  medrar en el río revuelto de sus nuevas aficiones y a veces hasta pierden el guiso.
Por eso, mis queridos seguidores, os voy a dar un consejo para que no sufráis este trance, consecuencia de perder la perspectiva. Cuando pongas la olla rápida a hervir no la cierres con su tapa; cúbrela con una tapadera corriente hasta que hierva mientras te entretienes con el teléfono o el internet, por ejemplo. Llegado este punto pon el cierre hermético y en muy poco tiempo podrás bajar el fuego y a otra cosa.
 Estarás mucho más tranquilo y evitarás el riesgo de tener una experiencia muy desagradable. Quien lo probó lo sabe.


sábado, 30 de septiembre de 2017

La bota de vino

Parte de mi familia me reprocha la costumbre de beber de la bota. Rústico, anticuado, ordinario, zafio, veraneante o pueblerino son algunos de los epítetos que soporto.
No obstante,  con la determinación y aplomo del que se sabe acertado aunque incomprendido,  prosigo estoico mi defensa de esta inveterada costumbre mientras no se me acredite con razonamientos convincentes el error.
Mis feroces detractores ignoran, sin duda,  que la bota fue encumbrada en la Literatura Moderna, muy probablemente después de haberla empinado,  por el mismísimo Príncipe de los Ingenios:
“…fiambreras traigo, y esta bota colgando del arzón de la silla, por sí o por no, y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocos ratos se pasan sin que la dé mil besos y mil abrazos.
Y diciendo esto se la puso en las manos a Sancho, el cual, empinándola, puesta a la boca, estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y en acabando de beber dejó caer la cabeza a un lado …”
Sin duda,  ignoran también mis sobrios vituperadores que la bota está triunfando en Norteamérica como adminículo característico del atavío indie y como objeto de deseo de cualquier hipster,  subgénero winelovers en modo campo y playa.
Antes de hablar, enterarse.



lunes, 14 de agosto de 2017

Pastel de carne con patata

De un cocinero argentino que tuve recuerdo dos excelentísimas recetas con las que nos alegraba un poquito la vida: un pastel de patata con carne y una carne picada al horno.
Ahora que tengo que ser yo el despensero de otros y procurar animarles, con la inestimable ayuda de mis laboriosos catadores  estoy intentando recrear ambos platos, aunque  llevo más avanzado el pastel de puré de patata.
En el sabor creo haber acertado  e incluso tenerlo superado, pero me está costando lograr la presentación de forma que se pueda considerar un pastel. No obstante, el resultado de las tentativas  viene siendo muy apreciado.
Seguiremos trabajando la carne para hacerla más seca sin perder la ternura del excelente producto que me proporciona el carnicero.
Los peritos catadores, grandes perfeccionistas, no ven la hora de volverlo a intentar.


lunes, 24 de julio de 2017

Lasaña boloñesa

Para todos aquellos postulantes a una consideración meramente digna en el hogar les diré que  lo que le hace a uno más fuerte en la indefectible contienda doméstica  es  establecerse con competencia y dominio en la cocina.
Los que tienen mando saben bien que un rancho seguro y de calidad es vital para mantener las fuerzas, pero más aún el espíritu y la disciplina de la tropa.
El plato que os presento este mes es más bien para épocas más frescas,  pero ahora que tenemos tiempo para innovar os invito a intentarlo y descubrir que es un manjar muy sencillo de elaborar y que,  a poco que cuides la calidad de los ingredientes,  verás la gran diferencia  que puedes lograr sobre lo que  se suele ofrecer en el mercado de calentar y listo.
Consejos: inténtalo primero con la lasaña boloñesa;  busca buena carne picada de cerdo y ternera, se puede meter un poco de jamón;  hay placas de pasta precocinadas secas que facilitan el trabajo;  procura esmerarte con la bechamel, para mí el punto clave; no olvides las especias: pimienta, perejil,  nuez moscada … un chorrito de vino o coñac y un queso sabroso para gratinar.
La pena es ver como se la comen, en cinco minutos desaparece por completo el trabajo de una hora.
¿ No te lo crees? , prueba. Es más sencillo de lo que parece, solo necesitas un poco de orden.

sábado, 24 de junio de 2017

Paella valenciana

Ya lo dijo Cicerón: “el mejor condimento es el hambre”.

(Entiéndase la máxima como humorada, al estilo arcaico u “Oldspeak”).

Hoy, cuando la ironía y el sarcasmo  están proscritos y el Tremendismo, otrora una corriente estética, es considerado delictivo,  un neolengüista avezado podría  acusarme de apología de la hambruna… y puedo acabar como el mismo Marco Tulio.)

A lo que iba, hablando de arroces nada sabe  mejor que aquel  hervido que devoramos para romper el ayuno después de un desajuste  intestinal.  Pero, como nuestro asunto  es el mejoramiento y el progreso, hay que estar preparados para cuando el cuerpo se recobre y pida más.

La paella valenciana  es el plato de arroz por excelencia en el  Estado Español y quien se considere algo ( cualesquiera hombre o mujer ) en la cocina, es un reto que tiene que afrontar tarde o temprano.

No es recomendable estrenarse para invitados, conviene ensayarlo antes, pero es un recurso alimenticio  ideal para ofrecer a  tus convidados.

La paella reúne los requisitos que ha de tener un menú para obsequiar a tus visitantes: es completo, con lo que se simplifica el servicio, es  sencillo de elaborar, de colorido agradable, de fácil digestión si no se abusa de las grasas y se prepara de antemano con lo que  da margen para tenerlo todo preparado a tiempo y sorprender a los invitados con una mesa bien puesta.

Pero como en todo hay gustos, hay gente que preferirá un arroz caldoso. Para ellos, el arroz al estilo mallorquín, arroz brut es una alternativa. Es  un plato que admite más tipos de carnes y de verduras con el doble de agua que la paella. Pero ojo, más agua no quiere decir cocer más. El tiempo de cocción será el mismo y cuidado con los fuegos eléctricos y el calor residual: te pueden fastidiar el remate.




lunes, 22 de mayo de 2017

Salmón en papillote

Que lo elegante ha de ser sencillo, no es que lo diga yo; lo dice la Real Academia. Lo vistoso puede ser atractivo, llamativo e incluso  precioso; pero no elegante.
Si lo que buscas es algo fino, distinguido u original tienes que ir sin excusa a lo sencillo sin renunciar a lo agradable y lo valioso.
En cocina el salmón en papillote es una receta que se puede calificar como elegante: sencilla, sana, sabrosa, suave, agradable y bonita. Y, por si fuera poco, tiene un nombre gracioso, copiado del francés,  que significa en papel.
Es muy fácil de hacer: poner las verduras debajo del salmón al horno cubiertos de papel de horno o de aluminio o de unas bolsas que venden para hornear.
La grasa del pescado se repartirá por todo el alimento resultando un plato suave, agradable y delicado.

Y no digo más,  que ya he dicho bastante.